En fechas cercanas a la fiesta de Santa Águeda y Santa Apolonia del año pasado, escribí una
entrada para este mismo blog en el que repasaba lo que eran mis recuerdos , mis
impresiones y mis conversaciones con unas y otras sobre el día siguiente de la
fiesta y la tradición de subir a merendar a San Juan. Me dejaron un montón de fotos y la entrada
puede leerse siempre que se quiera en este mismo cuaderno
de bitácora en esta direcciónhttps://rondallaballobar.blogspot.com/2023/03/en-febrero-santa-agueda-y-santa-apolonia.html
Este año me hice el propósito de aclarar mi memoria con
respecto de un elemento muy importante para nuestras fiestas como son los “ PAN
BENDITOS”.
He hablado con varias mujeres, no muchas, pero una es una de
las Polonias que mas tiempo entró en la fiesta como es Palmira de Lafarga,
también con su vecina Pilarín de la Dominga y Maria José de Bertolo . En la
hoguera aproveché y estuvimos platicando
con Maribel de la Pola y Pili de Solano. Por supuesto con mi madre y con la
Rosa de Bertolé, que junto con la Gloria de Pablito fueron toda su vida
Polonias , desde pequeñetas. La una por casa La Calama y la otra por el Bar de
Pablito. También con Loreto de la Marcelina. Y tengo que deciros que Pilarín de la Dominga me concertó una entrevista con Pilarín de
Vergel y en medio de la visita llegó
Merceditas de Porranga que también aportó sus recuerdos, además ese día
coincidió con el funeral del Abad de Poblet, que era de Ballobar y las anécdotas se mezclaban porque a lo largo
de la conversación salen muchos personajes a la palestra y se va dando vuelta
al pueblo y a sus gentes. Por último coincidí con Rosario de Juanito en los
voluminosos al día siguiente y volvimos a casa hablando del tema, que me sirvió
sobre todo para confirmar toda la información. Por supuesto quiero
agradecer a todas y cada una el tiempo
que tan generosamente me han dedicado y sobre todo lo jovial que ha sido echar
la vista atrás y recordar tantas historias tan divertidas y a tanta gente que
ha dejado un hermoso recuerdo en la memoria de las mujeres que me han contado
muchas más cosas de las que pondré en este humilde escrito, más que nada porque
hay que resumir; pero cada uno de las episodios
os aseguro que no tienen desperdicio.
La fiesta de las solteras siempre ha sido una fiesta
privada, porque se la pagaban ellas, pero popular. Hay que recordar que mis
informantes más mayores tienen ahora 92/93 años y que eran tiempos que no se
pueden mirar con los ojos actuales y
mucho menos juzgarlos. También es verdad que la memoria es selectiva y cuando se habla de tanto tiempo hay veces que los años se confunden.
La economía era de subsistencia y aunque no se pasara hambre, porque se tenía
en casa , animales y demás , dinero no
había y menos para fiestas, ni para trajes de Polonias, ni chulonas, ni
mantones ni nada que no fuera absolutamente esencial.
Partí de mis recuerdos personales que están basados en la incontables conversaciones con mi madre
y mi tía Leonor, mi tía Pilar… en fin
unos recuerdos que me transportan a momentos muy entrañables vividos con
ellas, pero que a medida que van pasando los años se puede apreciar perfectamente como la
fiesta va evolucionando y adaptándose a las circunstancias que la vida va
trayendo.
Recuerdo que mis tías hablaban de llevar huevos al horno
para después empezar la fiesta , las que les venía bien, requisito
imprescindible un delantal blanco que se guardaba para la ocasión , cuantas más
vainicas, tabelletas y puntillas llevara, mejor ,rivalizando en quien lo llevaba mas majo y mas blanco, porque había que batir los huevos para hacer
los bizcochos . La cuestión era juntarse
y cuando se cansaban de batir, se iban a dar la vuelta al pueblo bien guapas y contentas aportando ese punto
de alegría que tanta falta hacía. También me ha comentado Pilarín de Vergel que
a su hermana se le daba muy bien hacer los adornos de colores de los pan
benditos y siempre que se lo pedían los
hacía.
Pero también recuerdo de llevar huevos yo de mis primeros
años de Polonia, no sé si lo recuerdo o de tanto oírlo mi memoria lo ha hecho
suyo.
Lo cierto es que ninguna persona que he hablado ha ido al
horno a hacerlos y en muchos casos, como el de mi madre, nunca estaban aquí
para esa celebración, porque estaban sirviendo por las tierras del este, como
dice Labordeta.
Pero la fiesta empezaba con el boca a boca
-
Chica vamos a pedir permiso u qué?
-
A ver si avisamos a unas cuantas y vamos juntas
-
La María ha dicho que este año no se apunta, que
está de luto, que sólo hace un año que se murió su aguelo
-
Pues cuando li preguntaú a la Antonia ma dicho
que no estaba el horno pa bollos.
-
Ay que me paice que seremos tres y la de la
guitarra
-
Ahura que nonbras la guitarra, que guardaste el
calco que hicimos de la carta del año pasau que le escribimos a la orquesta LOS RIOS de Belver?
-
Sí, que
lo guardé en el cajón de la cómoda,
ahura mismo la voy a buscar.
-
NO,
primero vamos a buscar a ver quién puede venir a hablar con el alcalde y
el cura, que nosotras dos solas no vamos.
-
. El pedir permiso era una acción rutinaria, pero imprescindible, porque para que la fiesta
tomara la calle, las autoridades tenía que ser sabedoras.
-
Pero un año siendo cura Mosén Jesús y alcalde
Juan José de Gaspar se olvidaron, y la fiesta tuvo que ser “pagana”. Esto me lo guardo para contarlo en
otro momento porque se merece una entrada y además alargaría mucho el artículo,
pero contado hoy, es muy divertido, entonces buen disgusto se llevaron. Esta anécdota nos la contó Palmira, que lo
recordaba todo como si fuera en ese momento.
Pan Benditos se hacían todos que
se podían dependiendo cuantas se apuntaban
y llevaban los huevos y la harina
que podían al horno, después la hornera cuando les facturaba, descontaba lo que
le habían llevado.
Otra característica de la fiesta
era que las chicas pagaban y también
sacaban a bailar a los chicos invirtiendo la costumbre imperante.
Siempre se celebró en el día 9 de
Febrero (el día que tocaba)y la víspera se hacía la hoguera, me contó Pilarín
de Vergel que había años que se hizo en
la subideta de enfrente de casa Santa María y mayoritariamente en la placeta
del cura. Pero recuerda de manera especial la hoguera que encendía el Sanjuanero en la ermita, a la vez tocaba la campaneta y que inundaba el pueblo de ambiente festivo, puede decirse que empezaba la fiesta con la hoguera y la campaneta de San Juan. Otro aspecto que recordaba Pilarín de la Dominga es que para recoger la ceniza pagaban a el señor
Pacencio, que todas recordamos como el enterrador del pueblo.
La fiesta no salía siempre del
mismo sitio, de casa Vergel salió muchos años, de casa Lafarga muchísimos porque, recuerdo, que era una
fiesta de las chicas y la única función del Ayuntamiento de la época era dar permiso.
Vestidas de traje típico había
pocas chicas y que tuvieran el ajuar completo menos, así que si replegaban la
chulona de una casa, el mantón de otra los pendientes de otra y si les podían
dejar unas faldas también. Además las que lo dejaban también se quedaban con pena de que no
hubiera ningún “accidente”. Ni que decir tiene que la toalla de comunión era
parte fundamental para lucir el Pan
Bendito y no estaban tan abundantes como ahora
y por cierto estos pesaban muchísimo más que ahora, porque se ponían en un tajador y ya sabemos todas que ligeros
los tajadores no son.
Pero lo más importante de la
fiesta era la orquesta, viniera de Belver, de Adahuesca, o de Zaidín o se
tuviera que hacer un apaño entre los músicos de distintos pueblos, que no
siempre podían acudir todos a todas fiestas. Los músicos se hospedaban en la
Fonda que estaba en la Plaza Mayor en casa de Soldevilla y allí comían y dormían.
La orquesta después de las chicas
era la pieza principal, dicen todas que tocaba todo el día Y que no la dejaban
para de tocar. La orquesta ya iba a la hoguera donde se cantaba el romance y después a casa Pablito al baile toda la noche, a la
mañana siguiente las acompañaba a misa y entraba a la Iglesia a cantar la misa
de Pio XII, por eso se le daba a los músicos
el trozo de Pan Bendito mas grande, porque se lo ganaban cantando y cuando terminaba esta se volvía a cantar el romance después vuelta al pueblo la orquesta, las Polinias con los pan benditos y toda la chiquillería detrás. Antes del vermut,
había baile de nuevo, a
continuación pagaban las chicas a sus
acompañantes el aperitivo y a casa a comer. Que las merendolas tal y
como se conocen ahora tampoco existían, las Polinias ni comían, ni cenaban juntas,
que no estaban los tiempos para derroches. Volvía a haber baile por la tarde y también por la noche.
El día 10 por la
mañana se juntaban todas a hacer las cuentas. Para recaudar fondos había años
que rifaban una torta y ponían una
bandeja en la entrada del baile para que los chicos que entraban echaran la
voluntad.
Como la orquesta marchaba el día 9 por la noche y las
cuentas se hacían el día 10, el dinero de pagar a los músicos lo ponía o la
Isabel de la Calama o la señora Dominica de Pablito y después ya hacían cuentas.
Por las mujeres que he ido nombrando se puede observar la época de la que escribo.
La fiesta ha evolucionado, pero yo quería hablar de esa parte más lejana porque de entonces hablamos en otro momento, que queda tajo.